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El consumo de energía de internet

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El consumo de energía de internet

A finales de marzo, Tesla anunció que aceptaría bitcoins como método de pago, una decisión mayoritariamente percibida como arriesgada, pero alineada con las opiniones que su CEO, Elon Musk, ha publicado sobre las criptodivisas a través de su cuenta de Twitter. Apenas unas semanas después, la compañía se retractó aduciendo que el minado de bitcoins ocasionaba graves impactos medioambientales, ya que la mayor parte de la energía empleada con este fin proviene de fuentes fósiles. Más allá de las decisiones de Musk, o de la utilización del medioambiente para justificar determinadas decisiones corporativas, nos preguntamos cuál es realmente el consumo de energía de internet.

La propia red de bitcoins, con datos del Cambridge Centre for Alternative Finance, entre otras instituciones, se estima que consume alrededor de 129 TWh. Para hacernos una idea, 1 TWh (teravatio hora) es tanto como 1 billón (1.000.000.000.000) de Watts por hora. Es decir, si Bitcoin fuese un país, ocuparía el puesto número 29 del ranking, por delante de Noruega (124 TWh), aunque muy lejos del primer gran consumidor energético del mundo, China, con 6.543 TWh. También es cierto que esta criptomoneda no es un caso representativo del consumo de energía de internet, en general, ya que Google, por ejemplo, consume alrededor de 12 TWh; Facebook, 5; y toda la red mundial de centros de datos, 205 TWh.

¿Por qué Bitcoin consume tanta energía?

Bitcoin es una moneda virtual descentralizada que integra la tecnología blockchain, por lo que, en lugar de unificar todas las operaciones en una sola base de datos, la información sobre las transacciones se replica por todos los nodos de la red. Para llevar a cabo este proceso descentralizado, los usuarios ponen a disposición de la red la capacidad computacional de sus ordenadores a cambio de una recompensa en forma de bitcoins. Esto es lo que se conoce como minado, una actividad que requiere miles de máquinas alrededor del mundo funcionando día y noche, lo que no solo ha disparado el consumo de energía de internet, sino incluso ha ocasionado escasez global de determinados chips en el mercado del hardware, en especial de tarjetas gráficas.

En el debate sobre el porvenir de las criptomonedas convergen opiniones muy diferentes, algunas con posiciones muy enconadas y nada favorables a este nuevo panorama. Por ejemplo, un periodista de Vice que siguió de cerca este tema, Jordan Pearsons, concluyó que todas las funciones matemáticas que realiza el software de Bitcoin son “francamente inútiles […] y lo único que hacen es demostrar que realizaron una tarea. Pearson no es el único que ha cuestionado el bitcoin, de hecho, las voces que lo califican de “despilfarro energético” son cada vez más comunes.

Con todo, y a pesar del elevado consumo energético asociado a estas monedas virtuales, muchas de las previsiones más adversas no se han cumplido. La Dra. Catherine Mulligan, de la Imperial College de Londres, aseguró que “para el 2020 [Bitcoin] va a consumir tanta energía como Estado Unidos”. Pues no ha sido así, ya que el consumo anual de electricidad de este país asciende a 3.989 TWh, un 3000% más que el consumo de la criptomoneda.

El consumo de energía de internet y el Bitcoin
Las granjas de minado son instalaciones con cientos o miles de ordenadores conectados para resolver complejas operaciones a cambio de criptomonedas | cc: Pixabay

El debate sobre el impacto energético del bitcoin es complejo y en él participan opiniones tan polarizadas como interesadas, con posturas que defienden que estamos frente a una revolución financiera y otras que, directamente, la califican de burbuja. En esta discusión se plantean todo tipo de argumentos, pero es justo asumir que, como defiende el analista Dan Held, el consumo energético del sistema bancario tradicional también es considerable.  

El creciente consumo de energía de internet

Zanjar la discusión pública sobre el impacto energético de internet no es fácil, es este un territorio repleto de porcentajes y estadísticas que, groso modo, permiten extraer una conclusión principal: el consumo de energía de internet seguirá creciendo. Según un estudio de la Universidad McMaster de Canadá, durante el 2018, el sector de las Tecnologías de la Información y Comunicación consumió entre el 6% y el 10% de la energía eléctrica generada en el mundo. De seguir como hasta ahora, se calcula que en el 2030 este porcentaje podría escalar hasta el 21% de la energía total, generando una huella de carbono similar a la de todo el transporte mundial.

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A la hora de estimar el impacto energético, también debemos tener en cuenta la mejora de la eficiencia energética en este tipo de sistemas. El consumo actual se basa en tecnologías muy desarrolladas, pero potencialmente mejorables. Por ejemplo, una parte considerable de la energía consumida por los centros de datos masivos se emplea en la refrigeración del hardware, ya que la electricidad no aprovechada por los procesadores y por el resto del chipset se desperdicia en forma de calor. En este sentido, hasta ahora la solución se ha basado en sistemas de climatización convencionales, con ventiladores que desplazan el aire caliente y corrientes de aire que refrigeran los componentes clave; pero en el futuro es posible que se popularicen alternativas más eficientes, como la inmersión líquida bifásica que están implementando compañías como Microsoft y que permitiría ahorrar, según esta fuente, entre un 5 y un 15% de la energía empleada en los servidores.

Inmersión líquida bifásica
Inmersión líquida bifásica | cc: techpowerup.com

En conclusión, el consumo de energía de Internet seguirá creciendo en los próximos años, previsiblemente azuzada por la incorporación de más usuarios a la red y, especialmente, a aquellos servicios que consumen más ancho de banda, como el streaming. Con todo, la discusión no es muy diferente a la que pueden afrontar otros sectores tradicionales, ya que el debate no se asienta sobre una tecnología en particular, sino, de nuevo, de qué forma el planeta producirá la energía necesaria para sostener internet. En otras palabras, el reto sigue siendo proveer energía que no proceda de fuentes fósiles o altamente contaminantes, además de apostar por la eficiencia energética, implementando soluciones que nos permitan obtener más con menos recursos.

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