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¿Es consciente la nueva hoja de ruta española en materia de energía y clima del futuro al que nos dirigimos?

Si ya Carlos Gardel decía aquello de que ‘veinte años no es nada’, quince es aún menos. Y apenas quince años era el margen ofrecido a los países cuando, allá por 2015, se firmaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos objetivos deben alcanzarse por sus firmantes antes de 2030 para lograr un planeta más justo e igualitario, pero también adaptado a las, cada vez más apremiantes, demandas climáticas.

La inexistencia de un comité científico independiente para impulsar la descarbonización o la falta de presupuestos de carbono, son algunas de las piedras que España aún tiene en el camino hacia la descarbonización. Aunque el viaje ha comenzado, pisar el acelerador hace tiempo que pasó a ser una cuestión de supervivencia para el país… y para el planeta.

Con mayor o menor premura, todos los Estados se han puesto manos a la obra para intentar cumplir los diecisiete puntos marcados en los ODS. Desde junio de 2018, el Ministerio para la Transición Ecológica –junto al Alto Comisionado para el Cumplimiento para la Agenda 2030, dependiente directamente de Presidencia– centra su labor en que nuestro país alcance esos compromisos supranacionales que logren frenar el acuciante cambio climático.

Si no hacemos caso a las alertas de los científicos, si no limitamos el aumento de temperatura global a 1,5ºC antes del 2030, las consecuencias para la vida en la Tierra pueden ser devastadoras e irreversibles.

El séptimo de estos objetivos recoge, precisamente, la necesidad de garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna. Una energía para todos para avanzar hacia una economía cada vez más descarbonizada. Para lograrlo, el pasado mes de febrero se presentó el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC); un extenso documento que recoge los objetivos nacionales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que, entre otras cuestiones, busca impulsar activamente las energías renovables e implantar nuevas medidas de eficiencia energética.

En él se traza la estrategia, en materia de energía y clima, a seguir entre 2021 y 2030 para garantizar que esa transición verde sea justa para todos y que, a la vez, maximice oportunidades y beneficios para la economía, el empleo, la salud y el medio ambiente.

¿El telón de fondo? Los compromisos adquiridos por la Unión Europea para reducir las emisiones en un 40% para 2030 y que estas lleguen a cero en 2050.

Con esa meta final, el Ministerio para la Transición Ecológica diseñó ese PNIEC que llevó ante la Comisión Europea para su evaluación.

energía y clima

Un informe publicado en el mes de mayo por la Fundación Europea para el Clima reveló que nuestro país es el que ha presentado el mejor borrador o, al menos, el que está más alineado con las tres dimensiones analizadas en el estudio: ambición, detalle de las políticas y medidas, y carácter inclusivo de los procesos.

Es más, el español fue el único que aprobó de todos los planes presentados, aunque lo hizo, todo sea dicho, con un raspado 52/100. Entre las primeras posiciones del ranking se encuentran Francia, con 47 puntos, y Grecia y Suecia, con 44 y 43 respectivamente. En las últimas posiciones, muy alejados del aprobado, encontramos a Eslovaquia y Alemania (12 puntos) y a Eslovenia, que apenas logra tres.

Si bien el plan español fue el único borrador aprobado, lo hizo con un raspado 52/100.

La conclusión extraída del informe es que, dejando a un lado las calificaciones, ninguno de los países de la UE se encuentra en la senda para lograr los ambiciosos objetivos establecidos en los Acuerdos de París.

Aunque el borrador español apruebe en Europa, no debemos despistarnos ni regodearnos en ello; aún tenemos una ardua tarea por delante y lo hecho hasta ahora no es suficiente.

«Debe ser elogiado como una hoja de ruta omnicomprensiva hacia la descarbonización, desarrollada en menos de un año con un esfuerzo considerable por parte de los equipos de modelización tanto gubernamentales como externos. Sin embargo, ese primer puesto no debería ser motivo para la autocomplacencia»,

explica Lara Lázaro, investigadora principal del Real Instituto Elcano.

Fundeen lucha para que tengamos un planeta habitable y para que los ciudadanos seamos conscientes de nuestro papel en la lucha contra el cambio climático. Más allá de la labor de las instituciones, la movilización colectiva de todos para fomentar iniciativas sostenibles en términos económicos y medioambientales es imprescindible si queremos que, en un futuro no tan lejano, el planeta aún sea habitable.

Desde Fundeen queremos, a su vez, brindar información sobre distintas situaciones que nos incumben a todos y que, muchas veces no conocemos. En esta ocasión, nuestras #FundeenPills brindan toda la información sobre energía y clima que buscas. Si quieres informarte con nuestros vídeos, no te los pierdas en nuestro canal de Youtube.

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